-XXXIII-

By Fernando de Herrera

No es tan duro mi pecho que no sienta

la fuerza del dolor que en él desciende;

mas amor, por más daño, me defiende

que descubra las llagas de mi afrenta.

quiere que calle el mal y que consienta

la pena que me aqueja y siempre ofende,

y en fuego desusado tarde enciende

el corazón, que en llama se sustenta.

Si esta grave pasión no perturbara

el pecho, bien pudiera confiado

llegar al dulce fin de la alegría;

mas ¡ay, cuánto es esta esperanza cara!

y por mirar su bien ¡cuánto ha pasado

de afán y de tormento la alma mía!