- XXXIV -

By Francisco de la Torre

El ídolo purísimo que adoro,

deidad al mundo y en el cielo diosa,

ya condolida de la dolorosa

vida que paso, de continuo lloro;

el ébano, marfil, nieve, astro, oro,

la púrpura, coral, jacinto y rosa,

pasando por mi vida deseosa,

de envidia mata del Olimpo el coro.

Yo, que de la visión divina y rara,

cual nunca vieron ojos soberanos,

a no dudar de su deidad aprendo,

si yerro en adorar su lumbre clara

desengáñame amor, que con humanos

ojos por bien mi solo engaño atiendo.