- XXXIV -

By Juan de Almeida

Al tiempo que ya el sol está templado,

salió Belisa sola al campo un día,

más linda, más hermosa que solía

Diana al siglo parecer pasado.

Por doquier que pisaba el verde prado,

por doquiera que sus ojos revolvía,

alegre todo luego parecía

con otro nuevo sol regocijado.

Silvano, a quien amor diera la suerte

de morir por Belisa cotejando

con su tormento el milagroso hecho,

con un ¡ay! que sacó del hondo pecho,

¡ay, dulces ojos!, dijo, que mirando

a todos dais la vida y a mí muerte.