- XXXIV -

By Fernando de Herrera

Este lauro que tiene en su corteza

verde escrita la honra de mi pena,

y en él el manso céfiro resuena

mi mal, su resplandor y su belleza;

cuando el sol elevado en más alteza

se vio, me dio en sus hojas sombra llena;

fue el calor blando y la congoja buena,

y entonces me alegraba la aspereza.

Ahora, ¡oh triste hado, avaro cielo!

que deja el sol ardiente el paso abierto,

y todo el mal y daño en mi fortuna,

con llanto eterno y falto de consuelo

miro el lauro, y padezco en el desierto,

por su culpa, el calor que me importuna.