- XXXIX -

By Juan Boscán Almogáver

Como el ventor que sigue al ciervo herido,

su sangre y sus pisadas rastreando,

y anda tras él, acá y allá ladrando,

hasta verle en el suelo ya tendido;

así, señora, vos me habéis seguido,

mi muerte y mi deshonra procurando,

y la saña y poder sobre mí echando,

que hasta el punto postrero me ha traído.

En ver mi corazón estar llagado,

no dejáis de correrle y acosarle,

dándole siempre allí do le habéis dado.

Y si en algo tenéis algún cuidado,

es en seguirle hasta derribarle,

y en matarle después de derribado.