- XXXIX -

By Juan de Arguijo

«Tú, de la noche gloria y ornamento,

errante luna, que oyes mis querellas,

y vosotras, clarísimas estrellas,

luciente honor del alto firmamento.

Pues han subido allá de mi lamento

el son y de mi fuego las centellas,

sienta vuestra piedad, ¡oh luces bellas!

Si la merece, mi amoroso intento.»

Esto diciendo, deja el patrio muro

el desdichado Píramo, y de Nino

corre al sepulcro donde Tisbe espera.

¡Pronóstico infeliz! ¡Presagio duro

de infaustas bodas, si ordenó el destino

que un túmulo por tálamo escogiera!