- XXXV -

By Juan de Tassis y Peralta

Después que puse al pie dura cadena,

después que puse al cuello indigno yugo,

besé el cuchillo y adoré el verdugo

que a muerte y a paciencia me condena,

en esta oscuridad, en esta pena,

ciego así porque a ciegas deidad plugo,

ni descanso yo más, ni el llanto enjugo,

ni llego a percibir aura serena.

Antes parece que el rigor violento

de astros se declaró, sino ofendidos,

de sus efectos mismos indignados.

Que les parezca venenoso aliento

para martirizar a mis sentidos

el disponer precioso de los hados.