- XXXVI -

By Fernando de Herrera

Sol, que con alas de oro vas luciente,

y al Euro tu primer ardor colora,

mostrando al blanco cerco de la aurora

la fogosa corona y roja frente;

cuando el ondoso claustro de occidente

entrares, donde reina alegre Flora,

si la luz que esté ausente amante adora

vieres, lleva esta triste voz doliente:

«Después que vos dejé, mis bellos ojos,

y en puras perlas hebras enlazadas,

la noche oscureció al sereno día;

el bien me falta, y sobran los enojos,

y en horas de tristeza mal contadas

ningún lugar me queda de alegría».