- XXXVII - Al evangelista San Juan
Águila caudal que con gran vuelo
secretos muy secretos penetraste,
y tu cabeza santa reclinaste
en Cristo, en quien se inclina todo el cielo.
¡Ay de mí! ¡Con qué obras, con qué celo
tan preciosas gracias alcanzaste,
porque tus siervos puedan sin contraste
vivir lo que vivieren en el suelo!
Tú, hijo de la virgen adoptivo,
tú, del tesoro grande tesorero,
tú, de los coronistas el más vivo,
tú eras primo hermano del Cordero,
tú, quien mi corazón tiene cautivo,
tú, quien más que mi vida y alma quiero.