- XXXVII -

By Gutierre de Cetina

Padre Océano, que del bel Tirreno

gozas los amorosos abrazados,

de gloria, si sintieses mis cuidados,

cuanto yo de pesar, estarías lleno.

En la parte del cielo más sereno,

para colmar la cima de tus hados,

vi a tu hijo bañar los delicados

pies de una ninfa que nació en su seno.

«¡Ay, quién fuese hora tú!», yo le decía,

y de puro celoso lo enturbiaba

con llanto que del alma me salía.

Mas él, que tanto bien comunicaba,

mientras con mi llorar lo revolvía,

claro en sus ondas mi dolor mostraba.