- 36 -

By Lope de Vega

Pastor, que con tus silbos amorosos

me despertaste del profundo sueño,

tú, que hiciste cayado de ese leño,

en que tiendes los brazos poderosos.

Vuelve los ojos a mi fe piadosos,

pues te confieso por mi amor y dueño,

y la palabra de seguirte empeño

tus dulces silbos, y tus pies hermosos.

Oye, pastor, que por amores mueres,

no te espante el rigor de mis pecados,

pues tan amigo de rendidos eres.

Espera pues, y escucha mis cuidados,

¿pero cómo te digo que me esperas,

si estás para esperar los pies clavados?